Gramalote, es un pueblo ubicado en el departamento colombiano de Norte de Santander (noreste), ahora es un pueblo fantasma; fue tragado literalmente por la tierra, saturada ésta por las intensas lluvias del fenómeno de la niña en el 2010, hace ya cuatro años.
El casco urbano de Gramalote se ubicaba, recostado sobre la cordillera oriental de los Andes, con un relieve montañoso, fuertemente quebrado, escarpado.
Las mismas montañas lo devoraron por el ímpetu de la naturaleza. Decenas de casas se fueron a pique y las iglesias del pueblo empezaron a agrietarse con la amenaza de caer en cualquier momento.
Sus habitantes se vieron obligados a dejar el pueblo.
A pesar de las promesas del gobierno colombiano, la reubicación y construcción del nuevo casco urbano de Gramalote, aún sigue incierta. Se habla de proyectos, estudios presupuesto, esperanza… ojalá en el 2015 éstas personas puedan recobrar su tranquilidad.
Para finalizar se referencia las palabras de Dario Ruiz Gómez, que nos lleva a pensar en la magnitud de esta tragedia.
“Por lo tanto lo que el sismo destruyó en Gramalote fue esta sedimentación de relaciones, de creación de cotidianidad, de temporalidades que conforman la verdadera memoria personal de un ciudadano. Y es esta carga de imágenes la que cada niño o anciano, cada ser humano de Gramalote siente que se ha pulverizado mientras se prolongan los días del destierro de la comunidad por causa de la desidia de los funcionarios y el regreso ya es un imposible. Ahora bien, esta tragedia plantea algunas preguntas decisivas: ¿Estaba preparada la arquitectura colombiana para hacer frente al reto que este tipo de desastres plantea? ¿Lo podía estar una burocracia inoperante a la cual debe la Justicia hacer rendir cuentas por este delito?”





























